Preguntas solitarias

Después de una larga conversación con alguien sobre la soledad, cuando ya se había acabado la conversación y ya en otro contexto de repente ese mismo alguien recuerda ese refrán de película gringa que dice “The grass is always greener on the other side” lo que traduce algo así como “el pasto del jardín vecino siempre nos parece más verde” (no critiquen la traducción por inexacta, es una bella infiel). Luego llego a mi casa y el internet me bombardea con varios artículos que aseguran que la soledad es una condición inherente a la condición humana, que todos estamos solos y que la familia, la pareja o las amistades son solo formas de compartir la soledad. 

Todo eso puede ser cierto. Y, sin embargo, me pregunto si lo que nos hace estar solos, o mejor, sentirnos solos es precisamente que nos la pasamos pensando en el pasto del vecino. En el trabajo, las reuniones familiares o con amigos, en las redes sociales y en la calle vemos mucha gente acompañada y aparentemente feliz. Y envidiamos lo que tiene y nos imaginamos algo diferente para nosotros de lo que ya tenemos. De hecho, nos olvidamos de lo que tenemos y ansiamos lo que tienen otros, o lo que hemos imaginado para nosotros mismos y que no logramos o aún no hemos logrado alcanzar.  

Me pregunto si sentirnos solos no es simplemente el producto de imaginarnos el futuro. Hablo desde mi experiencia y desde lo que observo de la experiencia de otros. Nos han educado y acostumbrado a siempre ansiar más. No hemos terminado el colegio y ya nos imaginamos profesionales. No hemos terminado la carrera y ya, en nuestras mentes, estamos sentados en el trabajo de nuestros sueños o consiguiendo el siguiente diploma. No hemos hecho la primera inversión y ya estamos montados en el Mercedes Benz que vamos a conseguir con las ganancias. Y no solo eso. Con el trabajo de nuestros sueños imaginamos a la pareja perfecta, o a la familia perfecta. Con el siguiente diploma está también contemplado el apartamento de nuestros sueños, en la ciudad de nuestros sueños con unos nuevos amigos, también de ensueño, a quienes transportamos en nuestro Mercedes.

Me pregunto si tanto pensar en lo que no tenemos (o en lo que todavía no tenemos) nos hace olvidarnos de vivir lo que nos corresponde, de valorar el momento presente, las personas que nos rodean y comparten con nosotros su soledad. Nos sentimos solos porque no lo tenemos todo. Y, para terminar, me pregunto si no aprovechar el instante actual no es la forma más tonta y más fácil de perdernos la oportunidad de conseguir ese futuro que ansiamos y ese pasto verde que envidiamos.