La vida vandalizada

Un libro es para mi, casi siempre, un objeto de gran valor. Pero hoy en día me resulta prácticamente imposible leer sin rayarlo, marcarlo, subrayarlo y comentarlo. Soy consciente de la forma en que violento la perfección inmaculada de las páginas. Pero me he convencido de que esos tachones son también un aporte. Cuando haya logrado hacer algo de mí misma de pronto esas rayas y letras alcancen algún valor. Seguramente no. Pero necesito pensar que de alguna manera esa profanación es una mejora. Y para mitigar el daño, hago mis anotaciones con esferos de colorcitos y mis subrayados van con regla.

Con la cursilería que me acompaña en este momento de mi vida, se me ha metido la idea de que ocurre lo mismo con el amor. Amar a otro y, sobretodo, dejarse amar por otro es rayarle el libro de su vida. Es violentar la perfección (tal vez no tan inmaculada) de sus páginas. Sí. Es dañarlo y transformarlo. Y a veces pienso que la gracia es dañarlo bonito. Rayarlo de la forma más linda que se pueda. Y esperar que lo que uno hace algún día se convierta en una mejora.