La fantasía del abuso sexual

La fantasía más común relacionada con el abuso sexual es…

No. No es lo que se están imaginando. La fantasía más común relacionada con el abuso sexual es pensar que denunciar un abuso sexual con nombres, datos, pelos y señales, especialmente en un país como Colombia, produce algún tipo de consecuencia positiva o justa. No. Es muy difícil que haya consecuencias para el victimario más graves que las consecuencias que enfrenta la sobreviviente en un país en el que la enorme mayoría de casos de abuso quedan impunes y, sobre todo, en una sociedad cuya primera reacción es dudar de la veracidad de la denuncia o de los intereses que impulsan a la denunciante.

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El bobo más vivo

Frente a la Victoria del “No”mi primera reacción fue de rabia contra mí misma y contra todos los que nos habíamos pasado las cuatro semanas previas al plebiscito defendiendo los acuerdos, completando las verdades a medias y desmintiendo las mentiras completas de algunas campañas. “Qué idiotas!”, pensé, “¿porqué caímos en el juego retórico de los del “no”? ¿Porqué nos dejamos reduir a una posición de defensa? ¿Porqué nunca entramos a cuestionar las consecuencias si ganaba el no? Solo hasta que vi ese 50.21% en la pantalla de mi computador fue que finalmente me di cuenta de la enorme incertidumbre en la que nos sumió esa decisión y en el error tan grande que había sido nunca cuestionar esas consecuencias con la misma vehemencia con la que los detractores del Acuerdo cuestionaron su contenido.

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De paz, argumentos y sentimientos

No había regresado a este espacio porque no había podido articular mi punto de vista sobre el momento crítico que está viviendo Colombia y escribir sobre cualquier otra cosa me parecía vano. Desde que se anunció el fin de las negociaciones hasta este momento sentía que todo lo que podía decirse sobre los Acuerdos de paz ya estaba dicho o escrito y que, de cualquier modo, no tenía una controversia o pregunta por resolver. Mi apoyo a la firma e incorporación de los Acuerdos fue absoluto e indiscutible de manera que, aunque he seguido minuciosamente las sesudas discusiones en torno al tema, nunca sentí que tuviera nada que aportar pues en mi cabeza nunca hubo duda ni controversia alguna sobre el sentido de mi decisión. No puedo negar que esa decisión surgió y se hizo fuerte a raíz de mis sentimientos y no de disquisiciones ni argumentaciones. Que tengo argumentos para apoyar el sí, los tengo, y muchos. Pero si soy totalmente honesta, esos argumentos intelectuales fueron acumulándose solo después de un impulso sentimental que desde el primer momento constituyó una profunda convicción de que debía apoyar el sí en el plebiscito. A lo mejor, soy el vivo ejemplo de aquello de los que nos acusan quienes militan por el no y aseguran que somos sentimentaloides, ilusos e ingenuos. Porque si hay un “argumento” que ha hecho carrera entre los que se oponen a la aprobación de los Acuerdos es ese: que los que apoyamos la Paz estamos ciegamente guiados por nuestros sentimientos, engañados por una idea falsa y despojados de nuestra capacidad de razonar.

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De nombramientos y opinión multimedia

Por razones que no voy a mencionar, no haré un juicio de valor sobre la elección de Néstor Martínez como nuevo Fiscal General. Sin embargo, no puedo dejar de comentar sobre las reacciones que he visto frente a este nombramiento. Resulta esperanzador ver que la tecnología, el acceso a la información y las redes sociales hacen que estos procesos dejen de ser un asunto de los que están 'allá arriba' para convertirse, por lo menos, en un tema de conversación y hasta cierto punto en una controversia que, aunque tenue, sospecho que no existía cuando a las personas simplemente les informaban de estos acontecimientos en el programa radial de la mañana o al recibir o comprar el periódico, sin que tuvieran mucha oportunidad de indagar sobre los procesos y motivaciones detrás de lo que ocurre ni de cuestionar públicamente a los elegidos. 

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La guerra, la paz y la imaginación


Francamente, no sé qué pensar de ese afán silenciador que ha acompañado las noticias sobre el cese al fuego. Perdí la cuenta de la cantidad de comentarios que he leído en redes sociales en los que unos exhortan a otros a no opinar al respecto del proceso de paz porque no son víctimas. Están los detractores, los que lo acusan de ser un proceso que llevará a la impunidad y que, entonces, nos acusan de que "es muy fácil decir esto o aquello, vivir una fantasía, cuando tu y tu familia no han sido víctimas". Pero de este lado, entre quienes nos permitimos creer que este inicio de la paz es mejor que la continuación del conflicto a pesar de la imperfección de las negociaciones, tampoco estamos mejor y hemos jugado exactamente con el mismo argumento: "es muy fácil ser enemigo de la paz desde la comodidad de tu apartamento, detrás de la pantalla del computador, cuando tu no has puesto los muertos".
 

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Te lo agradecemos, María Luisa, pero no

Una de las noticias más leídas en el portal de El Tiempo la semana pasada anunciaba la renuncia del presidente de Bancolombia, Carlos Raúl Yepes. Muchos no sabíamos quién era él exactamente, aunque tenemos clarísima la importancia de su cargo en el sector privado en nuestro país. Y de repente, con la publicación de esa noticia todo el país pudo enterarse un poco de cómo funcionan las cosas para la persona encargada de manejar el banco privado más grande de Colombia y uno de los más grandes del continente. El eje principal de la nota: una carta escrita por su hija mayor en la que le pide moderar su ritmo de vida para cuidar su salud fue la ocasionó la inesperada renuncia.

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Vicky Dávila y las 50 cosas impropias de un periodista

Cae muy mal la gente que dice “se lo dije”, así que no lo diré. Pero por ponerlo de algún modo, ya habíamos hablado de los peligros e infamias de un periodismo poco riguroso y de ética laxa y esta semana fue como si Vicky Dávila se lanzara a gritar en los micrófonos de la FM “me ofrezco como tributo!”...para comprobar las consecuencias de ese periodismo irresponsable y carente de rigor.

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En Bogotá, ¿estamos vendiendo el sofá?

A una señora el marido le pone los cachos en el sofá de la casa. Para solucionar su problema ella vende el sofá.

Mi mamá me ha contado muchas veces esta historia, que a ella le contaron en una escuela de padres en mi colegio que, si mal no recuerdo, se trataba de lidiar con hijos adolescentes. Desde que me la contó, siempre que tengo un problema y le busco una solución me pregunto si con esa solución estoy arreglando el verdadero problema o si estoy vendiendo el sofá. 

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Cosas que me enseñó mi mamá sobre maternidad que no aparecen en los libros para madres primerizas

A propósito del día de la madre quiero agradecerle a mi mamá las lecciones (y verdades) que me ha dado sobre la maternidad. Y no, por favor, no se imaginen que mi mamá me ha enseñado a cambiar pañales, a cargar chinos sin desnucarlos o a afinar el sexto sentido que le permite a las mamás despertarse unas cuantas milésimas de segundo antes del primer berrido del bebé. Al contrario, con toda la honestidad del mundo mi mamá nos ha dicho, a mi hermano y a mi, que no hay peor época para una mamá que las vacaciones. Que los cursos de vacaciones cuando uno es chiquito no son para cultivar ningún talento ni aprender ningún deporte sino para salvar a las madres de la locura.

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Felicitaciones Uribistas y Antiuribistas uniandinos

A mi que me expliquen la tara de los colombianos y de nuestros medios de comunicación con los abucheos. Que abuchearon a Santos aquí y allá, que chiflaron a Uribe en la Universidad de los Andes. En este país (supuestamente democrático) es noticia de primera página que algunos ciudadanos no están conformes con la gestión de los políticos y lo hacen saber a través de la herramienta civilizada y humana por excelencia: su capacidad de manifestarse a través del lenguaje. 

Y de paso que me expliquen el miedo de algunos estudiantes uniandinos de que en nuestra Universidad haya gritos, chiflidos y protesta.

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Papases y mamases y Magistrados y colombianos del mismo modo en el sentido contrario

No quería escribir sobre esto pero no puedo evitarlo. Es que no me gusta comentar sobre lo que no entiendo. Y, sin embargo, las cosas no me salen como me gusta sino como deben ser. Eso que no entiendo y de lo que igualmente voy a discutir es cómo todavía hay personas jóvenes que rechazan la adopción igualitaria. No lo entiendo.

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De Señoras Universo y Señoritas Tanguita

Hoy, día en que Colombia celebra el triunfo de nuestra Señorita Colombia, elegida anoche como Miss Universo, me meto en la polémica del momento sobre la necesidad de darle o no mucha importancia a un reinado de belleza. Comienzo por señalar lo obvio. Lo que se elige en un reinado, sea el de la panela, la chirimoya, el borojó o el del universo, es a una “Señorita”. Es decir, una mujer que se ve pero, sobre todo, que se comporta bajo unos parámetros muy determinados de la tradición, las buenas costumbres y lo que se conoce como las buenas maneras. Una virgen (o por lo menos una mujer que lo parece. No por nada está prohibido participar en estos concursos si, por ejemplo, uno ha posado en ropa interior) con todo el potencial para convertirse en una esposa (señora) ejemplar, linda, elegante, bien vestida, sonriente, servicial. Y si no me creen, miren por las que tuvo que pasar Paulina antes de ser elegida. Concursos de cocina (porque, en nuestros días, ¿qué señorita puede aspirar a señora sin saber cocinar? Pero tranquilos que ella tenía a una negrita colombiana de asistente en esos momentos y pudo asegurarse el tercer lugar), premios al glamour y a la etiqueta, sesiones interminables de preparación para preguntas ridículas y sin tener la posibilidad de contestar: “Buenas noches para todos. Bueno, pues esta es una pregunta sin sentido, no hay absolutamente nada que los hombres sepan exclusivamente o por el simple hecho de ser hombres.” Porque a una peladita desobediente que conteste eso no le dan ni una corona de espinas. No así una que no conteste lo que se le pregunta, por supuesto.

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