De Señoras Universo y Señoritas Tanguita

Hoy, día en que Colombia celebra el triunfo de nuestra Señorita Colombia, elegida anoche como Miss Universo, me meto en la polémica del momento sobre la necesidad de darle o no mucha importancia a un reinado de belleza. Comienzo por señalar lo obvio. Lo que se elige en un reinado, sea el de la panela, la chirimoya, el borojó o el del universo, es a una “Señorita”. Es decir, una mujer que se ve pero, sobre todo, que se comporta bajo unos parámetros muy determinados de la tradición, las buenas costumbres y lo que se conoce como las buenas maneras. Una virgen (o por lo menos una mujer que lo parece. No por nada está prohibido participar en estos concursos si, por ejemplo, uno ha posado en ropa interior) con todo el potencial para convertirse en una esposa (señora) ejemplar, linda, elegante, bien vestida, sonriente, servicial. Y si no me creen, miren por las que tuvo que pasar Paulina antes de ser elegida. Concursos de cocina (porque, en nuestros días, ¿qué señorita puede aspirar a señora sin saber cocinar? Pero tranquilos que ella tenía a una negrita colombiana de asistente en esos momentos y pudo asegurarse el tercer lugar), premios al glamour y a la etiqueta, sesiones interminables de preparación para preguntas ridículas y sin tener la posibilidad de contestar: “Buenas noches para todos. Bueno, pues esta es una pregunta sin sentido, no hay absolutamente nada que los hombres sepan exclusivamente o por el simple hecho de ser hombres.” Porque a una peladita desobediente que conteste eso no le dan ni una corona de espinas. No así una que no conteste lo que se le pregunta, por supuesto.

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La breve y maravillosa vida de Oscar Wao que, tal vez, no es ni tan breve ni tan maravillosa

The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, la primera novela de Junot Díaz, cuenta la vida de Oscar de León, un joven de raíces dominicanas que vive en New Jersey pero que no es ni plenamente dominicano, ni plenamente norteamericano. Un joven ‘geek’, obsesionado con el animé y con Dr. Who que sueña con convertirse en un J.R Tolkien dominicano, a pesar de que jamás publica una sola línea. Un adolescente atormentado por el prejuicio del super macho dominicano al que, con su tremenda obesidad y su particular personalidad, no logra nunca ajustarse. En fin, un hombre cuya identidad se encuentra desgarrada entre el caribe y el norte, entre la ciencia ficción y el incontrolable deseo de perder la virginidad, entre el suicidio y la muerte violenta, porque a pesar de que evidentemente es él quien decide morir, no muere por su propia mano. Un hombre tan ambiguo que, a pesar de tantas contradicciones, ‘es siempre Oscar’.

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