Nuevas masculinidades, viejos machismos

Hace poco hablaba con un tipo sobre su descubrimiento de las nuevas (y mejores) masculinidades. Ese es el término con que el feminismo y sus aliados han denominado al hecho de descubrir, como el personaje de esta historia, que es más chevre ser un hombre que cree en la verdadera igualdad de género y con ello llegar a la convicción, en palabras y obras, de que el modelo de hombría con que hemos crecido – el del macho fuerte, proveedor, racional y por ello superior a la mujer y dado al mundo del intelecto y el trabajo (por oposición al mundo del hogar y la familia) – le hace tanto daño a los hombres como a las mujeres.

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Carta abierta a Viviane Morales

Usted no me conoce. Me ha visto, pero estoy segura que no se acuerda de mi. Yo en cambio sí la recuerdo mucho. Por motivos que no hace falta mencionar, en el 2011 fui una testigo silenciosa y casi invisible de una reunión que se organizó en su honor, para celebrar su nombramiento como Fiscal General de la Nación. Yo la recuerdo mucho porque a mis 20 años, apenas iniciando mis estudios universitarios y mientras me hacía cada vez más consciente de las injusticias que se cometían contra mí por el simple hecho de haber nacido mujer, tenía toda la importancia del mundo tener en frente a la primera mujer que sería Fiscal General de Colombia. Ese día usted estaba rodeada de hombres, hombres de esos que se ríen con voz falsamente ronca y que se dan sin cesar palmadas en la espalda. Y sin embargo, en mi mente usted valía 20 de ellos. Estoy segura que ya estaba acostumbrada a la situación. Si en el segundo decenio del siglo XXI a usted la acababan de nombrar la primera mujer en uno de los cargos más importantes del país no es porque en el mundo político (ni en ningún mundo en realidad) haya precisamente igualdad de género. De algún modo, ese día para mi usted era la cara de todas las mujeres del país que aspiramos a vivir en un lugar en que a las mujeres nos tomen con la seriedad que, como seres humanos capaces y dignos, merecemos.

Imagínese mi decepción cuando hoy la veo en todos los medios como la cara de un movimiento que busca aplastar la posibilidad de conformar una familia a una minoría que, como las mujeres, ha padecido la discriminación, los estereotipos, el menosprecio  y la humillación que caracteriza a la sociedad machista en la que tuvimos a la vez la suerte y la desgracia de haber nacido.

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Cosas que me enseñó mi mamá sobre maternidad que no aparecen en los libros para madres primerizas

A propósito del día de la madre quiero agradecerle a mi mamá las lecciones (y verdades) que me ha dado sobre la maternidad. Y no, por favor, no se imaginen que mi mamá me ha enseñado a cambiar pañales, a cargar chinos sin desnucarlos o a afinar el sexto sentido que le permite a las mamás despertarse unas cuantas milésimas de segundo antes del primer berrido del bebé. Al contrario, con toda la honestidad del mundo mi mamá nos ha dicho, a mi hermano y a mi, que no hay peor época para una mamá que las vacaciones. Que los cursos de vacaciones cuando uno es chiquito no son para cultivar ningún talento ni aprender ningún deporte sino para salvar a las madres de la locura.

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Papases y mamases y Magistrados y colombianos del mismo modo en el sentido contrario

No quería escribir sobre esto pero no puedo evitarlo. Es que no me gusta comentar sobre lo que no entiendo. Y, sin embargo, las cosas no me salen como me gusta sino como deben ser. Eso que no entiendo y de lo que igualmente voy a discutir es cómo todavía hay personas jóvenes que rechazan la adopción igualitaria. No lo entiendo.

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De Señoras Universo y Señoritas Tanguita

Hoy, día en que Colombia celebra el triunfo de nuestra Señorita Colombia, elegida anoche como Miss Universo, me meto en la polémica del momento sobre la necesidad de darle o no mucha importancia a un reinado de belleza. Comienzo por señalar lo obvio. Lo que se elige en un reinado, sea el de la panela, la chirimoya, el borojó o el del universo, es a una “Señorita”. Es decir, una mujer que se ve pero, sobre todo, que se comporta bajo unos parámetros muy determinados de la tradición, las buenas costumbres y lo que se conoce como las buenas maneras. Una virgen (o por lo menos una mujer que lo parece. No por nada está prohibido participar en estos concursos si, por ejemplo, uno ha posado en ropa interior) con todo el potencial para convertirse en una esposa (señora) ejemplar, linda, elegante, bien vestida, sonriente, servicial. Y si no me creen, miren por las que tuvo que pasar Paulina antes de ser elegida. Concursos de cocina (porque, en nuestros días, ¿qué señorita puede aspirar a señora sin saber cocinar? Pero tranquilos que ella tenía a una negrita colombiana de asistente en esos momentos y pudo asegurarse el tercer lugar), premios al glamour y a la etiqueta, sesiones interminables de preparación para preguntas ridículas y sin tener la posibilidad de contestar: “Buenas noches para todos. Bueno, pues esta es una pregunta sin sentido, no hay absolutamente nada que los hombres sepan exclusivamente o por el simple hecho de ser hombres.” Porque a una peladita desobediente que conteste eso no le dan ni una corona de espinas. No así una que no conteste lo que se le pregunta, por supuesto.

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