El legítimo derecho a la tristeza y a la desubicación

Yo, abogada de las causa perdidas, vengo hoy a interceder por el legítimo e inalienable derecho al desubique. Sí, ese que se siente cuando uno no sabe cómo lidiar con su vida, con el futuro que nos prometieron en la infancia y que de repente se volvió el presente. Consentida, mediocre y malcriada dirán algunos. Otros se permitirán leer lo que sigue. Al terminar, otros tantos pensarán eso mismo.

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