Una dieta de la mente

Varias veces he leído, en revistas de esas que ponen en las peluquerías y en uno que otro consultorio médico, que cuando uno hace una dieta lo aconsejable es poner en un lugar visible una foto de una persona cuyo cuerpo uno desee. O al menos admire. Supuestamente eso ayuda a aquello de la motivación para cerrar el pico y seguirse levantando como demente desadaptado a las 5 de la mañana para ir al gimnasio. Hoy me acordé de eso porque encontré una foto que me motivó. No a hacer dieta. Sino lo contrario. A dejar de pensar en bobadas. Una dieta de la mente.

La de la foto soy yo. Tengo poco más de un año y con el tamaño gigante que me ha caracterizado toda la vida no debía levantarme a más de unos 40 centímetros del suelo. Yo no me acuerdo de ese momento pero me imagino que ese triciclo lo pedaleaba como si no hubiera un mañana. Es que en la foto se nota, pedaleaba con toda la fuerza de la que era capaz, con toda la concentración para no caerme, pero sin miedo. Yo creo, incluso, que sin mirar al frente porque no importaba llegar a un punto, lo que importaba era avanzar, avanzar, avanzar.

Read More

Preguntas solitarias

Después de una larga conversación con alguien sobre la soledad, cuando ya se había acabado la conversación y ya en otro contexto de repente ese mismo alguien recuerda ese refrán de película gringa que dice “The grass is always greener on the other side” lo que traduce algo así como “el pasto del jardín vecino siempre nos parece más verde” (no critiquen la traducción por inexacta, es una bella infiel). Luego llego a mi casa y el internet me bombardea con varios artículos que aseguran que la soledad es una condición inherente a la condición humana, que todos estamos solos y que la familia, la pareja o las amistades son solo formas de compartir la soledad. 

Todo eso puede ser cierto. Y, sin embargo, me pregunto si lo que nos hace estar solos, o mejor, sentirnos solos es precisamente que nos la pasamos pensando en el pasto del vecino. 

Read More

Somos sapos cocidos a fuego lento

Hablar del 11 de septiembre es prácticamente imposible. No hay absolutamente nada que alguien como yo, que solo vivió esta tragedia como espectadora y sobre todo como niña (tenía 10 años el 11 de septiembre de 2001) –incapaz de comprender la naturaleza y la magnitud de esos hechos en su momento– pueda decir sin caer en la simplificación, la afectación y hasta la ofensa. 

Lo que sí es posible es hablar de lo que el 11 de septiembre nos enseña. 

Read More

Yo elijo que otros puedan elegir

Comenzaré con algunas aclaraciones:

  • He asistido a una corrida de toros. He experimentado por mí misma todo lo que implica este “ritual” y conozco (superficialmente, pero lo suficiente) las nociones básicas de la tauromaquia.

  • Hace tiempo decidí no volver a estos espectáculos porque no me sentía bien estando ahí.

  • Estoy plenamente convencida de que el valor supremo de la vida en comunidad debe ser el respeto por las libertades individuales; ante cualquier dilema espero poder optar siempre por la posición desde la que la elección personal de cada individuo para definir su vida y su experiencia vital (dentro de los límites del respeto por la libertad de los demás) sea lo principal.

  • Considero que la “protección de los derechos de los animales” parte de creencias análogas a las creencias religiosas.

Antes de que me salten encima procedo a aclarar mis aclaraciones y el porqué de incluirlas en esta humilde opinión.

Read More

Humor a la colombiana

Confieso de todo corazón que no me ofende en lo más mínimo la dichosa foto publicada por Nicolette Van Dam. Para comenzar, tuve que buscarla en Google para saber cómo se escribe su nombre pues hasta ayer no tenía ni idea de quién es esta inteligentísima y culta mujer. Y es que es aquí donde empieza la larga cadena de zancadillas que nos hacemos los colombianos a nosotros mismos. Hacemos famosa a una vieja que hasta ayer nadie conocía fuera de Holanda, por la gran indignación que nos produce el que haya puesto a nuestros héroes nacionales de turno como objeto de una burla relacionada con la cocaína. Muy original ella.

Read More

Mi papá, Zuluaga y yo

En pocas horas en Colombia sabremos quién nos gobernará por los próximos 4 u 8 años (según quién quede elegido). La polarización que han provocado estas elecciones no tiene precedente. La ocasión me da ganas de hablar de mi relación con mi papá y con la política colombiana, porque me da la excusa para decir muchas cosas que pienso sin necesidad de estar argumentando si es que las sé o no, si las viví o no o si mi experiencia de vida me da derecho a opinar al respecto, pues porque son las cosas que se hacen y se dicen a diario en mi casa. Y porque definitivamente creo que el que lea puede encontrar varias situaciones cómicamente ilustrativas de lo que nos está pasando en el país del Sagrado Corazón.

Comienzo por relatar lo evidente: mi papá hoy votó por Zuluaga y yo, por no decir más, me he ganado que dos veces que él (en chiste, por supuesto) me diga que le salí "guerrillera". Nuestras discusiones sobre política tienen la increíble virtud de incomodar a toda la familia, de fastidiar a mi hermano hasta más no poder y, últimamente, de terminar en chistes absurdos porque sabemos que no vamos a llegar a ningún acuerdo. Antes era peor, eso sí. Podíamos terminar peleados y los dos iracundos, incapaces de comprender porqué el otro piensa como piensa. Separados diametralmente por nuestras razones políticas, como está el país en este momento. Con la diferencia de que a los 15 minutos yo voy a buscarlo a su cama y me acuesto a su lado porque en Bogotá hace mucho frío y porque el amor es así. Ojalá la política en el país fuera tan fácil.

Read More