Sintura con ese de Sánchez: mi educación feminista y "Dear Ijeawele" Parte II

Aquí comienza la segunda parte de las reflexiones que me provocó el último ensayo de Chimamanda Ngozi Adichie “Dear Ijeawele, or a Feminist Manifesto in Fifteen Suggestions”. La primera parte la encuentran haciendo click aquí, y ahí escribí sobre todas las cosas que mi mamá supo hacer bien, 26 años antes de que este libro fuera concebido.

Pero como cualquier cosa en la vida, no todo es color de rosa. Muchas de las palabras de Adichie también me recordaron las contradicciones y presiones con las que crecí.

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Sintura con ese de Sánchez: mi educación feminista y "Dear Ijeawele" – Parte I

El libro

Anoche me leí, ¡por fin!, “Dear Ijeawele”, el libro en el que Chimamanda Ngozi Adichie le da a su amiga de infancia 15 consejos para criar una hija feminista. Inevitablemente, cada página me hizo pensar en mi mamá. Quienes me conocen saben que mi relación con ella es uno de los pilares de mi vida. Tanto, que hace unos días conversaba con unas amigas sobre la mejor forma de hablar sobre mí misma, de describirme en menos de 200 palabras para un ejercicio que nos propusimos, y una de ellas me dijo: “Tienes que hablar de tu mamá!” Y los que la conocen a ella creo que entienden realmente porqué es tan determinante en mi vida, y porqué no me alcanzan las palabras para explicarlo.  No podría ni en 200 ni en dos millones y por eso hicieron falta los 15 consejos de Adichie para que a mí se me ocurriera como articular lo que me dispongo a escribir.

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Nuevas masculinidades, viejos machismos

Hace poco hablaba con un tipo sobre su descubrimiento de las nuevas (y mejores) masculinidades. Ese es el término con que el feminismo y sus aliados han denominado al hecho de descubrir, como el personaje de esta historia, que es más chevre ser un hombre que cree en la verdadera igualdad de género y con ello llegar a la convicción, en palabras y obras, de que el modelo de hombría con que hemos crecido – el del macho fuerte, proveedor, racional y por ello superior a la mujer y dado al mundo del intelecto y el trabajo (por oposición al mundo del hogar y la familia) – le hace tanto daño a los hombres como a las mujeres.

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Amigas,

Me sonó el celular dos veces casi simultáneamente. Dos sonidos sucesivos del ringtone que le corresponde a cada una en mi celular, el que puse para responderles a ellas cuando no estoy para el mundo en general. Una me escribe que le ayude a buscar un curso de algo, que ya no le emociona su trabajo y se quiere ir, del trabajo y del país. Cambio a la otra conversación y déjà vu: “quiero renunciar e irme a viajar”. Las dos trabajan en el que alguna vez fue un trabajo soñado.

No son las únicas. Unas a punto de graduarnos de nuestra maestría de los sueños, otras con trabajo en envidiables compañías multinacionales, unas ganando mucho más de lo que pensaban que se podía a esta edad, otras ganando mucho menos de lo que se merecen pero haciendo el trabajo que siempre quisieron. Algunas ni lo uno ni lo otro pero con la tranquilidad de haberse graduado de la carrera que amamos, y no de la que nos dijeron que abría más puertas en la vida. Las que están en el país quieren salir corriendo mientras mi primera amiga de la vida quería quedarse en Colombia y la vida se la trajo para USA. Ya hay un par casadas con los amores de su vida. Y todas en crisis. Ninguna sabe lo que quiere ni está donde quiere estar.

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Ideas para regalar en el Día de la Mujer

No había vuelto a este espacio porque, muy sinceramente, empecé a sentir que no tenía sentido.  Ganó el “no” en el plebiscito por la paz, los gringos eligieron por presidente a un misógino, racista, xenófobo e inepto, mi adorada alma mater dio vía libre al ciber matoneo y despidió a una de las mejores profesoras que he tenido y alguien me dijo que el feminismo es discriminación inversa. ¿Qué efecto pueden tener mis palabras en un mundo que se rehúsa a cambiar?, pensé, y abandoné el ciberspacio.

Pero volví. Porque mañana es el Día Internacional de la Mujer y por primera vez en mi ya no tan corta vida alguien me hizo sentir que este día podía significar algo más que felicitaciones ridículas y frases cursis que solo perpetúan estereotipos sobre la feminidad. Me hablaron de una campaña llamada #MeComprometo que nos pide que, en lugar de flores y tarjeticas, le regalemos al mundo y, sobre todo, nos regalemos a nosotros mismos un compromiso con la promoción de una igualdad de género real (esa que no se queda en el papel o en la ley o en el simulacro).

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